viernes, 9 de marzo de 2012

¿POR QUÉ MEDITAR?



La meditación suena, para muchos a New Age, o a ser Budista o seguidor de algún gurú de oriente. Esto es así en muchos casos, pero se puede plantear la meditación de otras formas. Por ejemplo, no muchas personas saben que en Occidente también existen métodos de meditación, dentro de la oración cristiana. Aparte de su relación con las religiones, la meditación no tiene por qué estar vinculada a una tradición religiosa, pues es, ante todo un método de trabajo interior y de control mental.

La meditación se basa, en el control de la atención, lo que en sí ayuda a regular varios procesos mentales y como consecuencia a tener un mayor equilibrio psíquico e incluso físico, lo que repercute en diversas áreas de la vida.

Según han mostrado diversos estudios, la meditación ayuda a controlar, o incluso a parar los automatismos mentales, es decir, los pensamientos automáticos que pueden mantener la mente en un estado indeseado. Por ejemplo, las personas con depresión tienden a tener pensamientos automáticos negativos y destructivos, que mantienen o aumentan su malestar, porque suelen considerarlos verdaderos e identificarse con ellos. Se ha podido comprobar que las personas con depresión que meditan, pueden reducir o dejar de tener pensamientos automáticos de este tipo, o si los tienen, no considerarlos reales, pues llegan a mirarlos con distancia.

El control de los automatismos mentales también ayuda a vencer la rutina. Según se ha investigado, quienes meditan, dejan de ver la vida cotidiana como repetitiva porque prestan más atención a los detalles de la realidad y no están en una repetición de sucesos, que se da más bien dentro de su cabeza. Para quién medita, el árbol que hay delante de su casa, no es el mismo árbol todos los días, porque observa lo que va cambiando día tras día, fijándose en los cambios sutiles del árbol. Algo que es aplicable a muchos aspectos de la vida.

Aparte del control de los automatismos mentales, la meditación facilita el autocontrol interno, una mayor autorregulación emocional, de tal forma que los estados anímicos no afectan tanto y las molestias que se puedan dar, en el día a día, se consideran menos importantes.

La meditación, también contribuye a la relajación de la mente y aumenta la relajación física, lo que supone numerosos beneficios en la calidad de vida.

La práctica de la meditación facilita el ser más conscientes de lo que sucede dentro y fuera de nosotros, por lo que nos enteramos mejor de quienes somos, de quienes son los demás o de lo que pasa cotidianamente. En muchos casos, durante la meditación, al silenciarse la mente consciente, pueden aparecer elementos psíquicos inconscientes, que así se vuelven conscientes.

Otros beneficios que aporta la meditación son: mayor capacidad de concentración, mayor capacidad de aprendizaje, regulación del sistema endocrino (en los aspectos relacionados con el estrés), mayor posibilidad de tener experiencias espirituales, sensación de más libertad y de felicidad. Parece que además, quienes meditan regularmente tienen una mejor salud física, parece que por minimizarse o reducirse el impacto del estrés, tener más consciencia del cuerpo y por lo tanto cuidarlo más, etc. A nivel fisiológico se ha comprobado que se da una regulación de las ondas cerebrales y una mayor sincronización hemisférica. En la siguiente imagen podéis ver más sobre sus efectos en el sistema nervioso.


Parece que, en general, la meditación solamente aporta beneficios, pero no es así. Hay ciertas situaciones o personas que no se benefician de la meditación, o incluso se pueden ver perjudicadas. Quienes tengan una estructura psíquica frágil, tengan una personalidad muy obsesiva o predisposición a trastornos psicóticos, es conveniente que antes de decidirse a meditar consulten con un profesional de la Salud Mental, que conozca de estos temas, para evaluar la pertinencia de meditar o no. También es conveniente consultar con el experto en meditación, y al menos dejarse guiar por el mismo, en los primeros pasos. No es recomendable iniciarse por cuenta propia.

En algunos casos, hay personas que han visto agravados sus trastornos de ansiedad o incluso la meditación  ha desencadenado trastornos psicóticos, en algunas personas predispuestas. Esto depende como digo de quién medita, pero también del método empleado. Ciertas técnicas que incluyen visualizaciones o canalizaciones de energías parecen predisponer con más facilidad a sufrir este tipo de problemas.

Así que como conclusión, puedo afirmar que la meditación aporta beneficios a muchas personas, pero que no es una práctica inocua. Por eso requiere la guía de expertos y maestros que ayuden a delimitar el mejor método para cada uno y la mejor situación para hacerlo, en el caso de que no esté contraindicada.

¿TIENE SENTIDO LA VIDA ANTE LA ENFERMEDAD Y LA MUERTE?




Hace años hice una tesis doctoral titulada “Afrontamiento del cáncer y sentido de la vida”. Lo más importante de la misma no fue la montaña de datos que plasmé en un papel y que me valieron el título de doctora. Lo fundamental fue el encuentro con las personas afectadas por cáncer de pulmón que, a su manera, me daban cada día lecciones muy importantes. Y así lo dije en la defensa de la tesis, aunque sonara poco ortodoxo delante del tribunal (por suerte les gustó). Tenía que hacer un homenaje a esas personas tan generosas, que aún quedándoles muy poco tiempo de vida (en la mayoría de los casos), quisieron hacer una aportación a la ciencia, para que así pudiéramos ayudar mejor a otras personas en su misma situación.

Ellos me hablaban de como encontraban sentido a su vida, estando gravemente enfermos y viendo la muerte tan de cerca. Sorprendentemente, a pesar de lo mal que lo estaban pasando, muchos de ellos me contaban que, gracias a su enfermedad, habían aprendido a valorar más la vida, a diferenciar lo esencial de lo accesorio, estableciendo mejor qué era prioritario, etc. Les quedaba poco tiempo para perderlo.

Todos y cada uno de ellos me dieron lecciones sobre el sufrimiento, el dolor, la muerte. Muchos de ellos eran realmente los “doctores”, a pesar de estarlo pasando tan mal. Incluso se podía aprender mucho de los que sufrían porque no sabían encontrar, por sí mismos, un sentido.

Recuerdo a un hombre cubano, de edad media, que me decía que se sentía muy agradecido por participar en mi investigación, porque le ayudaba a pensar sobre sí mismo, a sentirse útil y a darse cuenta de que era una persona espiritual, aunque él fuera ateo. Su actitud era envidiable, por el optimismo con el que lo asumía y aprovechaba todo.

Hubo una persona que me dejó especialmente “tocada”. Era una chica de 28 años, con un cáncer de pulmón en estadio avanzado, con metástasis por todo el cuerpo. Le quedaba poco tiempo de vida; como mucho un par de meses. Iba vestida muy cuidadosamente, 


con colores muy bien escogidos y combinados con bonitos pañuelos que se ponía en la cabeza (pues había perdido todo el pelo por la quimioterapia). Cuando la entrevisté por primera vez, me preguntó si podía hacer algo más por los demás, que lo que exigía mi investigación y, me dijo que le gustaría hablar más veces conmigo, para aprender más cosas. Estaba de buen humor, sonriente y amable. Su mirada era muy profunda y traslucía mucha viveza interior y alegría. 


Resultaba difícil creer que estaba tan grave. Días después de la primera entrevista la volví a ver. Había estado rellenando algunos de los cuestionarios que tenía que usar para mi investigación. Nuevamente venía muy guapa y sonriente. Me dijo que había algunas preguntas que no había entendido bien. Le pregunté cuáles eran y me dijo que eran las que hacían alusión al sufrimiento. Le pregunté que era lo que no entendía y su respuesta resultó sorprendente.


 Me comentó que no entendía por qué le hacía esas preguntas, porque ella no estaba sufriendo. ¡No estaba sufriendo! Le pregunté si su situación de enfermedad, la quimioterapia, su calvicie, el dolor, o los bultos que le salían por el cuello no la hacían sufrir. Me dijo que no, que ella podía sentir dolor, pero no estaba sufriendo, pensaba en seguir disfrutando de la vida hasta el final y lo estaba consiguiendo. ¡Increíble! E increíble como fue su final (contaré más en el congreso para no extenderme aquí demasiado).

Éstas y otras personas me dieron muchas más lecciones magistrales. Y así, más allá de mi trabajo de investigación, fue como pude corroborar mi idea de que era posible encontrar sentido a la vida ante la enfermedad y la muerte. Algo que, durante el desarrollo de mi trabajo de tesis, se acompañó de pasar yo misma por la prueba de un diagnóstico de cáncer durante un mes (por suerte, parece que fue una falsa alarma). 


Fue duro, pero fue la mejor lección que tuve para entender como se podían sentir ellos y aproveché la situación para crecer, profundizar en el sentido de mi vida, profundizar en mi propia espiritualidad, ver de cerca la muerte, y quitar velos que me impedían ver mejor la realidad. Fue la parte práctica que me ofreció la vida, para ver en primera persona lo que estaba investigando. ¡Muy interesante! Aunque para algunos resulte increíble que pueda decir esto ante algo tan duro. Todo dependió de la actitud que adopté, y no fue fácil. Pero una vez conseguida, todo era mucho más fácil.

Con la relación con los pacientes y con mi propia experiencia pude crecer mucho y darme cuenta de qué era realmente importante y con sentido para mí. La situación me abrió la posibilidad de nuevas perspectivas y evolución personal.

Por todo ello sé por experiencia propia y ajena que la vida SÍ puede tener sentido (aunque cueste), ante la enfermedad y la muerte.

De ahí que, haya elegido este tema para mi ponencia en la Universidad de la Mística, en el Congreso que será el próximo fin de semana sobre “Sentido de la vida ante las crisis”. Es un congreso al que me hubiera venido bien asistir antes de pasar por todo esto, pues seguro que me hubiera aportado muchas cosas.

Así que os animo a apuntaros y a participar. Todos los que podáis asistir seguramente, también tenéis mucho que aportar con vuestras preguntas y vuestra presencia. De todas formas, intentaremos dejar lo esencial en Internet, para quienes no podáis asistir y esperamos que salga un libro de lo que transmitamos allí.

Entre tanto, sigo preparando mi ponencia y espero poder seguiros contando cosas en el congreso que puedan ser de vuestro interés.

Os dejo una frase para reflexionar, muy al hilo de lo que estoy contando:

El sufrimiento es el caballo más veloz para llegar a la perfección. Eckhart

El dolor no debe ser considerado como algo degradante, sino como una llamada a transformar nuestra vida, quizá humanizarla, desterrando formas equivocadas de vivir, y para conquistar estas parcelas que han quedado encubiertas o que tal vez desconocemos de nosotros mismos. Isabel Orellana (del libro: Pedagogía del dolor).

LA MENTE EGOTISTA




CONTENIDO Y ESTRUCTURA DEL EGO
La mente egotista está completamente condicionada por el pasado. Su condicionamiento es doble y consta de contenido y estructura.Para el niño que llora amargamente porque ya no tiene su juguete, éste representa el contenido. Es intercambiable con cualquier otro contenido, otro juguete u objeto. El contenido con el cual nos identificamos está condicionado por el entorno, la crianza y la cultura que nos rodea. 



El hecho de que sea un niño rico opobre, o que el juguete sea un trozo de madera en forma de animal o un aparato electrónico sofisticado no tiene importancia en lo que se refiere al sufrimiento provocado por su pérdida. La razón por la que se produce ese sufrimiento agudo está oculta en la palabra "mío" y es estructural. 


La compulsión inconsciente de promover nuestra identidad a través de la asociación con un objeto es parte integral de la estructura misma de la mente egotista.

Una de las estructuras mentales básicas a través de la cual entra en existencia el ego es la identificación. El vocablo "identificación" viene del latín "ídem" que significa "igual" y "facere" que significa "hacer". Así, cuando nos identificamos con algo, lo "hacemos igual". ¿Igual a qué? Igual al yo. 



Dotamos a ese algo deun sentido de ser, de tal manera que se convierte en parte de nuestra "identidad". En uno de los niveles más básicos de iden­tificación están las cosas: el juguete se convierte después en el automóvil, la casa, la ropa, etcétera. Tratamos de hallarnos en las cosas pero nunca lo logramos del todo y terminamos perdiéndo­nos en ellas. Ese es el destino del ego.

LA IDENTIFICACIÓN CON LAS COSAS

Quienes trabajan en la industria de la publicidad saben muy bien que para vender cosas que las personas realmente no necesitan deben convencerlas de que esas cosas aportarán algo a la forma como se ven a sí mismas o como las perciben los demás, en otras palabras, que agregarán a su sentido del ser.



 Lo hacen, por ejemplo, afirmando que podremos sobresalir entre la multitud utilizando el producto en cuestión y, por ende, que estaremos más completos. O crean la asociación mental entre el producto y un personaje famoso o una persona joven, atractiva o aparentemente feliz. Hasta las fotografías de las celebridades ancianas o fallecidas cuando estaban en la cima de sus carreras cumplen bien con ese propósito. El supuesto tácito es que al comprar el producto llegamos, gracias a un acto mágico de apropiación, a ser como ellos o, más bien, como su imagen superficial. 


Por tanto, en muchos casos no compramos un producto sino un "refuerzo para nuestra identidad". Las etiquetas de los diseñadores son principalmente identidades colectivas a las cuales nos afiliamos. Son costosas y, por tanto, "exclusivas". Si estuvieran al alcance de todo el mundo, perderían su valor psico­lógico y nos quedaríamos solamente con su valor material, el cual seguramente equivale a una fracción del precio pagado.

Las cosas con las cuales nos identificamos varían de una per­sona a otra de acuerdo con la edad, el género, los ingresos, la clase social, la moda, la cultura, etcétera. Aquello con lo cual nos iden­tificamos tiene relación con el contenido; por otra parte, la com­pulsión inconsciente por identificarse es estructural. Esta es una de las formas más elementales como opera la mente egotista.


Paradójicamente, lo que sostiene a la llamada sociedad de consumo es el hecho mismo de que el intento por reconocernos en las cosas no funciona: la satisfacción del ego dura poco y en­tonces continuamos con la búsqueda y seguimos comprando y consumiendo.


Claro está que en esta dimensión física en la cual habita nuestro ser superficial, las cosas son necesarias y son parte inevitable de la vida. Necesitamos vivienda, ropa, muebles, herramientas, transporte. Quizás haya también cosas que valoramos por su belleza o sus cualidades inherentes.



 Debemos honrar el mundo de las cosas en lugar de despreciarlo. Cada cosa tiene una cualidad de Ser, es una forma temporal originada dentro de la Vida Única informe fuente de todas las cosas, todos los cuerpos y todas las formas. En la mayoría de las culturas antiguas se creía que todas las cosas, hasta los objetos inanimados, alojaban un espíritu y, en este sen­tido, estaban más cerca de la verdad que nosotros. Cuando se vive en un mundo aletargado por la abstracción mental, no se percibe la vida del universo. La mayoría de las personas no viven en una realidad viva sino conceptualizada.

Pero no podemos honrar realmente las cosas si las utilizamos para fortalecer nuestro ser, es decir, si tratamos de encontrarnos a través de ellas. Eso es exactamente lo que hace el ego. La iden­tificación del ego con las cosas da lugar al apego y la obsesión, los cuales crean a su vez la sociedad de consumo y las estructuras económicas donde la única medida de progreso es tener siempre más.



 El deseo incontrolado de tener más, de crecer incesantemente, es una disfunción y una enfermedad. Es la misma disfunción que manifiestan las células cancerosas cuya única finalidad es multiplicarse sin darse cuenta de que están provocando su propia destrucción al destruir al organismo del cual forman parte. Algu­nos economistas están tan apegados a la noción de crecimiento que no pueden soltar la palabra y entonces hablan de "crecimien­to negativo" para referirse a la recesión.

Muchas personas agotan buena parte de su vida en la preocu­pación obsesiva por las cosas. Es por eso que uno de los males de nuestros tiempos es la proliferación de los objetos. Cuando perdemos la capacidad de sentir esa vida que somos, lo más probable es que tratemos de llenar la vida con cosas.



 A manera de práctica espiritual, le sugiero investigar su relación con el mundo de las cosas observándose a si mismo y, en particular, observando las cosas designadas con la palabra "mi". Debe mantenerse alerta y ver honestamente si su sentido de valía está ligado a sus posesio­nes. ¿Hay cosas que inducen una sensación sutil de importancia o superioridad? ¿Acaso la falta de esas cosas le hace sentir inferior a otras personas que poseen más que usted? ¿Menciona casualmente las cosas que posee o hace alarde de ellas para aparecer superior a los ojos de otra persona y, a través de ella, a sus pro­pios ojos? ¿Siente ira o resentimiento cuando alguien tiene más que usted o cuando pierde un bien preciado?

CELEBRA LA TRISTEZA


Un místico sufí, muy pobre, marginado, hambriento y cansado de viajar llegó a un pueblo por la noche y nadie le aceptó. Era un pueblo de gente muy ortodoxa y cuando hay musulmanes ortodoxos es muy difícil persuadirles. Ni siquiera querían alojarlo en el pueblo. La noche era fría y estaba hambriento, agotado, temblando, sin suficiente ropa. Estaba sentado en las afueras del pueblo, bajo un árbol. Sus discípulos estaban sentados allí muy deprimidos, muy tristes e incluso enojados.
Y entonces empezó a rezar diciendo a Dios: "¡Eres maravilloso! Siempre me das todo lo que necesito". Esto fue demasiado. Un discípulo le dijo: "Espera, ahora estás yendo demasiado lejos, especialmente esta noche. Estas palabras son falsas. Estamos hambrientos, cansados, sin abrigo y nos espera una fría noche. Hay animales salvajes por todos lados, hemos sido rechazados por la gente del pueblo, estamos sin refugio. ¿Por qué le estás dando gracias a Dios? ¿Qué quieres decir cuando dices: "Siempre me has dado lo que necesito"?
El místico dijo: "Sí, y lo repito otra vez: Dios me da todo lo que necesito. Esta noche necesito pobreza, esta noche necesito ser rechazado, esta noche necesito tener hambre, estar en peligro. De otra manera ¿por qué me estaría dando? Debe de ser que lo necesito. Es lo que necesito y tengo que estar agradecido. ¡El cuida tan bien de mis necesidades! ¡Es realmente maravilloso!"
Esta es una actitud que no depende de la situación. La situación no es importante. Celebra, ante cualquier suceso. Si estás triste, celebra por estar triste. Haz la prueba. Haz solamente la prueba y te sorprenderás; sucede. ¿Estás triste? Empieza a bailar, porque la tristeza es muy bella, ¡Silenciosa flor del ser! Baila, disfruta, y de pronto sentirás que la tristeza está desapareciendo; se crea una distancia. Poco a poco olvidarás la tristeza y estarás celebrando. Habrás transformado tu energía.
Esto es alquimia: transformar los metales comunes en el oro más puro. La tristeza, la ira, los celos; metales bajos que pueden ser transformados en oro porque están constituidos por los mismos elementos que el oro. No hay diferencia entre el oro y el hierro, porque tienen los mismos elementos, los mismos electrones. ¿Has pensado alguna vez que un trozo de carbón y el más preciado de los brillantes del mundo son la misma cosa? No hay ninguna diferencia. En efecto, el carbón comprimido por la tierra durante millones de años se convierte en diamante. Sólo una diferencia de presión, pero ambos son carbón, ambos están constituidos por los mismos elementos.
Lo más bajo puede ser transformado en lo más alto. A lo bajo no le falta nada

¿Si no sabemos lo que queremos, cómo podemos trabajar para conseguirlo?




Antes de un ser humano saber lo que quiere, tiene que saber dónde está. Es fácil saber dónde está. Solo hay que ver los resultados de su vida. Esto será un espejo para ver lo que ha estado pensando y en lo que se ha estado involucrado emocionalmente.

Cuando sabemos donde estamos, tenemos que evaluar si estamos a gusto, felices, y nos gusta el estado en el que nos encontramos. Sea cual sea la respuesta, debemos aceptar, apreciar el estado en el que estamos. En vez de preocuparnos de si no nos gusta donde estamos, tenemos que empezar a pensar donde queremos estar.

Si no lo sabemos, sólo tenemos que mirar hacia dentro y buscar cómo queremos estar. En qué estado nos gustaría estar. Sólo saber eso, es suficiente.

Existen muchas técnicas para empezar a crear estos estados de forma física, así, poco a poco, estos estados se manifiestan como cosas que queremos tener o los propósitos que queremos en la vida.

"Los pensamientos son cosas. Todo es energía. Tus pensamientos son energía. Y todo lo que ves o tocas es una manifestación de energía y algún día fue sólo un pensamiento."

Cuando los pensamientos no están claros en ti, las cosas tampoco nunca están claras. Cuando los programas y paradigmas que se encuentran en tu mente subconsciente guían tu vida o llevan el mando de tu vida y tú no estás consciente de ello, pues acabas no sabiendo ni lo que quieres. Porque hay un desorden en tu mente.

La meditación es una de las herramientas que ayudan a un ser humano a observar los programas y paradigmas que tiene. Puede saber cuáles le sirven y cuáles no. Y poder elegir cuáles necesita y cuáles no.

La meditación nos ayuda a estar en un campo de energía unida. Donde todo la energía esta unida, y, estando allí, es fácil poder observar y ordenar los programas en nuestra mente subconsciente. Es posible poder borrar lo que no necesitamos y empezar a vivir en el presente.

De esta forma podemos tener las cosas más claras y saber o tener noción de quién somos y lo que queremos hacer.

Estando en un estado de paz, quietud, tranquilidad, y percibiendo y liberando un flujo de energía unido, participamos en el universo. Nos convertimos en parte del universo. Somos uno con ello. De esa forma podemos saber el estado en el que queremos permanecer y estar. Sabiendo esto sabremos como queremos que se manifieste en la forma física este estado. Y a través de la energía o poder que fluye dentro y hacia nosotros, vamos a percibir a través de nuestros sentidos lo que queremos.

No debemos preocuparnos por saber lo que queremos, debemos ocuparnos de saber el estado en el que queremos estar. El resto lo dejamos al universo porque es su trabajo. Sólo tenemos que caminar dentro y la sabiduría está allí sólo para nosotros.

Si meditamos, participamos en los cambios y en lo que se ocupa el universo. Así es aun más fácil saber a través de la intuición lo que queremos.

¿Cómo desarrollar la fuerza de voluntad?







comienzo de año es ideal para cambiar ciertos hábitos que nos perjudican, sin embargo decidir hacer cambios para nuestro bien muchas veces es una tarea ardua y compleja.
Tener voluntad es conseguir llevar a cabo acciones concretas para lograr el cumplimiento de nuestros deseos. Es frecuente para mi ver en la consulta personas que me dicen no tener fuerza de voluntad, sin embargo  creo que todos tenemos la capacidad de controlar nuestros impulsos para dirigir nuestros pasos hacia donde verdaderamente queremos llegar, solo que algunas veces nos es más fácil hacerlo en algunos aspectos  de la vida que en otros.
La fuerza de voluntad es algo que se entrena, en general las cosas son difíciles cuando no sabemos cómo hacerlas, pero una vez que aprendemos y ejercitamos esa acción podemos ser verdaderos maestros en lo que nos propongamos.
Fuerza de voluntad
Foto: El Mercurio
El elemento básico para desarrollar nuestra fuerza de voluntad es la motivación.
Lo primero y más importante para cultivar esta fuerza es la motivación, si no estoy suficientemente motivado  no puedo llegar a cambios concretos y duraderos en el tiempo. Muchas veces comenzamos una dieta porque los demás nos dicen que debemos hacerlo más que  realmente porque queremos bajar de peso. Es por eso que al intentar cambiar un hábito es muy importante preguntarse si realmente  se quiere  lograr esa meta, si es algo genuino que nace de nosotros, por amor a nosotros mismos  o es algo impuesto externamente que forma parte de nuestras creencias o la manera en que nos educaron. La  importancia de la motivación radica en que si intentamos hacer cosas sin suficiente convicción, tarde o temprano abandonaremos nuestro objetivo sintiéndonos cada vez más frustrados y enojados con nosotros mismos, lo que nos hará perder confianza personal  y auto estima.
Un segundo punto importante es tenertolerancia a la frustración, esto es entender que muchas veces podemos equivocarnos o pueden salir las cosas de modo diferente a como queremos que sean  y a pesar de ello,  seguir adelante. Una persona con buena tolerancia a la frustración generalmente es una persona con buena auto estima, ya que se permite cometer errores y no se censura por ellos, y a su vez  admite que los demás se equivoquen sin recriminarlos exageradamente cuando lo hacen.
Muchos  de nosotros tiene en su interior un “Sr Enjuiciador” que está constantemente valorando lo que hacemos, frecuentemente son las voces de nuestros padres o cuidadores de infancia que se aparecen en nuestra cabeza llamándonos “tontos”, “flojos” o  “descontrolados” cada vez que cometemos un error o fracasamos. Ser más compasivos con nosotros mismos, no etiquetarnos con tanta frecuencia e ir aprendiendo de los errores no en base a la auto agresión y al castigo sino con amor,  son claves fundamentales para desarrollar una buena auto estima y  fomentar la tolerancia a la frustración.
Rodearnos de personas que nos ayudan a lograr nuestros objetivos es un tercer elemento clave para potenciar la fuerza de voluntad.  Las personas con las que convivimos a diario deben transmitirnos seguridad y confianza en nosotros mismos, apoyarnos en nuestros procesos de cambio y alentarnos a ser mejores.  Depende de nosotros dejarnos influenciar por personas negativas y pesimistas, siempre tenemos el poder para elegir a quien escuchar y con quien relacionarnos íntimamente.  Por eso es importante seleccionar a nuestras amistades y pareja, para que sean fuente de inspiración y apoyo incondicional.
Cada individuo es responsable de su propio crecimiento y desarrollo personal, sin embargo existen profesionales especializados para ayudar a las personas a descubrir, potenciar y  desarrollar  su fuerza de voluntad. Tarea importantísima ya que es el motor de cambio que cada uno tiene en su interior para lograr ser el hombre y la mujer que realmente aspira a convertirse.ión lo que queremos.