·
Alegría y
bondad.
·
No tomar tan
en serio las cosas.
Así pues, un componente
básico de la bondad es un temperamento alegre. Y es sentido del humor es
análogo a la alegría: la capacidad de ver las contradicciones y los absurdos de
nuestra vida y no tomamos excesivamente en serio. Cualquiera que posea esta
cualidad está a salvo del endiosamiento y los dramas de la vida cotidiana.
·
Hoa mucha
oportunidad.
Las oportunidades de ser
bondadosos abundan. La vida colabora, puesto que lo único que debemos hacer es
percibir la ocasión de expresar y cultivar la bondad. Como cuando
experimentamos esos efectos ópticos en los que, después de contemplar una
imagen caótica, identificamos una imagen coherente. Basta con que miremos a
nuestro alrededor, y en lugar de ver unos deberes rutinarios o apremiantes,
vemos la ocasión de ser amables. Estas oportunidades surgen continuamente de
diversa forma. Sólo tenemos que prestar atención.
